Review: If Not Now, When? (2011)

Cuando uno decide juzgar un elemento, lo hace analizando su condición actual. No lo hacemos mirando el retrovisor, ni tampoco acordándonos de lo que solía ser, no nos interesa que había antes, lo que sí nos interesa es su estado actual. Poco importa si la oxidada bicicleta que tenemos ahora, fue la más bonita que salió de la fábrica hace 20 años, porque se juzga el ahora, no el ayer. El ejercicio sirve en especial para comentar un nuevo disco. No interesa el pasado del grupo, ni tampoco lo que será de su futuro, lo que te interesa analizar es el presente, lo que tienes al frente tuyo, en este caso en tus oídos.

Luego de cinco años sin lanzar discos, Incubus nos entrega su sexto álbum de estudio –a pesar de las quejas de los fanáticos más viejos, el grupo siempre ha comenzado a contar sus discos desde el S.C.I.E.N.C.E hacia adelante– titulado “If Not Now, When?” y que es en palabras de su vocalista Brandon Boyd “Es nuestra carta de amor sónica al mundo”. Después de esa declaración de principios acerca de esta placa, el camino que transitamos en este disco confirma las palabras del frontman, este álbum no es remotamente parecido a ninguno que haya hecho la banda antes.

El lento y sinfónico comienzo del track que le da el título al disco, abre los fuegos de este nuevo capítulo. Las líneas del bajo y el constante ritmo en la percusión, construyen la base de esta hermosa melodía que explota en un glorioso technicolor casi al final, mientras Boyd nos invita a una búsqueda de nuestra propia alma con la frase “No escondas tu mirada, es la hora”.

El segundo track es también el segundo single de este disco, con título “Promises, Promises” esta canción que tiene como base el piano de Mike Einziger y el bajo de Ben Kenney, complementados por el excelente registro de Boyd, que cada álbum que pasa parece cantar mejor. Es una canción simple, emotiva y elegante, con excelentes líricas que calzan perfecto con los pasajes sonoros reposados que tiene este track.

En “Friends And Lovers” el trabajo en la percusión de Jose Pasillas nos hace recordar a viejos bateristas vestidos de etiqueta, mientras  la interesante progresión de notas en la guitarra de Einzinger encausan las letras de Boyd, que desafía las concepciones más tradicionales del amor moderno con la frase “Lo que está mal en ti, es bueno para lo que está mal en mi”.

Con “Thieves” el grupo muestra su faceta política y lo hacen de inmediato en el coro “Nos están vendiendo agua al lado del rio, ellos no hablan en nombre de todos!”.(Algo que claramente, muchos de nosotros podemos sentirnos identificados en este momento) De nuevo es el bajo de Kenney y los punzantes riffs de guitarra de Einziger los que llevan la batuta en este tema que exuda descontento.

En “Isadore” tenemos una de las mejores letras narrativas que ha escrito el grupo e inspirada en música de los años 70. El comienzo es a través de una sobrio riff de guitarra de Einziger que se complementa con el trabajo de batería inspirado en Phil Collins, mientras Boyd le canta a un esquivo amor. Llega el turno de “The Original” con su comienzo sintetizado y delicada guitarra, que se prolonga hasta ese hermoso pináculo en el coro, que parece flotar, liviano y psicodélico hasta el pesado y contundente final.

 El sol acústico aparece en forma de canción, con la breve y de construcción simple “Defiance” que sirve como aperitivo para el mejor tema de este álbum y el momento más épico de esta placa. En “In The Company Of Wolves” nos encontramos a una banda que busca nuevos horizontes sonoros y que nos desafía a este nuevo viaje sónico con tintes psicodélicos. Teclados y una delicada guitarra abren el pasaje melódico en que se cocina lentamente la primera parte de la canción, mientras las letras son un verdadero cuento salvaje. En la segunda parte de este tema es donde hace click este disco: unas misteriosas y oscuras líneas de bajo preceden el manto psicodélico que salen de los tornamesas de Chris Kilmore, mientras la lejana y reverberante voz de Boyd nos dicen una y otra vez que “Fue la noche más larga de su vida”, antes del crescendo final de probablemente, la mejor canción que ha compuesto el grupo en su carrera.

La oveja negra de este disco se llama “Switchblade”, porque parece no pertenecer al contexto sonoro del disco, sin embargo es un tema que coquetea entre el funk de los comienzos del grupo y su sonido más actual, que en ningún momento decepciona. El primer single de esta placa fue “Adolescents” un tema que sirve como puente entre el sonido más característico del grupo y su sonoridad actual, por lo cual, fue una buena jugada por parte del grupo la elección como primer sencillo. “Tomorrow’s Food” despide este elaborado y hermoso disco, con guitarras y suaves sintetizadores, mientras las letras nos hablan de nuestra pequeña posición en el universo, algo así como que somos sólo tornillos dentro de una gran máquina.

Son pocos los grupos que pueden reinventarse de una forma tan singular como ésta y que todo lo hecho previamente no tiemble. En este nuevo trabajo el grupo alcanzó altas cotas de experimentación musical, sonando por momentos psicodélicos, eclécticos y elegantes. En un mundo constantemente acechado por los revivals de todo tipo, el grupo entró a una nueva dimensión, un lugar donde habitan aquellos abiertos de mente y que constantemente buscan su lugar en el mundo, un lugar donde no existen los límites musicales. Bien sabemos que la gente obsesionada con el pasado, es incapaz de ver el presente como corresponde; es por eso que agradecemos esta evolución o mejor dicho celebramos esta revolución interna que nos trae Incubus.

Por Hernán Carrasco C. (Twitter.com/Mr_Nanchi)

Escribe en 192.cl, Walabi.cl, ElDínamo.cl y para la Revista iPop.